LA CATEDRAL DE LEÓN EN NUESTRA SANGRE




Si nombro a Alberto Ignacio González Gutiérrez, así, a muchos no les sonará de nada; pero si digo: ¡conoces la catedral de León y sus vidrieras!, entonces las respuestas son otras.

Mi padre siempre nos habló de su abuelo, que trabajó en las vidrieras de la catedral y pintó unos cuadros. Con la búsqueda por Internet de los datos del abuelo de mi padre, descubrimos un hermano desconocido del pintor que era también pintor, numerosas pinturas de mi bisabuelo y el reconocimiento actual de una pintura que hay en el Patrimonio Nacional, que permaneció más de 100 años anónima y que conseguí que la obra pasara a tener autor.

ALBERTO IGNACIO GONZÁLEZ GUTIÉRREZ

Nació el 1 de febrero de 1859, a las ocho y media de la tarde, en la calle 7 Revueltas nº 8 de León, y fue bautizado en la iglesia de San Juan de la Regla con el nombre de Alberto Ignacio.

Muy conocido, y poco a poco olvidado, quien haya visitado la espectacular catedral de León habrá visto esas impresionantes vidrieras, pues parte de la historia de esas vidrieras y otras obras de arte de la catedral fueron gracias a mi bisabuelo.

Buscando información de él, me encontré con datos, obras poco conocidas e infinidad de grandes y pequeños detalles que engrandecen a la persona. Empezaré contando un poco las obras encontradas y después continuaré con sus premios y, lógicamente, “su catedral”.

Cuadros, obras, trabajos

La Lección.

El conde de Castilla Fernán González en prisión y su esposa Dª Sancha aconsejando la huida.

Un lienzo de regulares dimensiones en el cual se destacaba una hermosa rubia, a medio vestir, que ocultaba los tesoros de su seno con un ramo de flores que tenía en la mano.

Una teja romana que regaló a S.M. y pintó en su anverso un busto del emperador Caracalla (ver en este blog “El regalo a la reina”).

Pintó una preciosa alegoría para el nuevo decorado de uno de los salones de la sociedad “Recreo Industrial” (1886).

Decoró el salón de descanso, el gabinete de lectura y, especialmente, la sala-tocador del Liceo Leonés. Entre las mejoras realizadas a la Sociedad del Liceo Leonés, destacó especialmente con una lindísima sala-tocador, que se encontraba en el interior del “edificio Botines”, una de las tres construcciones que realizó Gaudí fuera de Cataluña, y que realizó entre 1891 y 1894, fechas de gran esplendor de Alberto como pintor.

En el escaparate del comercio-sastrería del Sr. Solís, en la calle de la Victoria, se expuso el retrato de Don Miguel Mallo (creador del colegio médico de León), consiguiendo un grandísimo parecido, numerosos elogios y con perfectos acabados. También dejó pintados dos platos que estuvieron expuestos en el mismo sitio (1889).

Los trabajos que estaba haciendo en el nuevo decorado del Café Suizo llamaron la atención por su novedad. Lo mismo en las figuras alegóricas que en las flores pintadas en los espejos, el efecto resultó aumentar la elegancia de todo el decorado, hecho a conciencia. El Café Suizo destacaba como una de las mejores casas y establecimientos lúdicos de la aristocracia que había en diversos puntos de la geografía española (1889).

Pintó la cortina de la Virgen del Mercado, que representa La Aparición (1891).

Realizó en el interior de la fonda del ferrocarril de León importantes reformas en su decorado (1891).

Se inauguró una capilla en el Hospital de San Antonio Abad, donado por las Hijas de San Vicente de Paúl. El nuevo templo, que estaba severa y elegantemente decorado, tenía tres espaciosas tribunas para que los asilados convalecientes pudiesen asistir a los actos religiosos; y en él llamaban justamente la atención los frescos del techo, debidos al pincel del aventajado artista Alberto González (1891).

En el aparador del Bazar D. Antonio Malagón, que entonces había en la calle de San Marcelo, expuso un hermoso lienzo aparentando tipos del país, debido a la inspiración de nuestro estimado amigo, el ya notable pintor. Son dos tipos de aldeanos caballeros en sus pollinos, perfectamente concebidos y ejecutados con soltura y maestría (1895). Este cuadro mi padre recuerda haberlo tenido colgado en “la casa de León” (casa de su abuelo en la que vivía su madre).

La cuadrilla de segadores (tapiz). Pensó enviarlo a la Exposición de París. Todas las figuras de la cuadrilla visten el típico traje de los parameses, y con tal esmero había cuidado el autor los detalles de la indumentaria, que el tapiz convencía a quien lo miraba. Servía de fondo a la cuadrilla un trozo de la carretera de Trobajo, pues la escena está presentada a la entrada del puente de San Marcos; y la entonación del tapiz, el magnífico colorido de las figuras, la greca que rodea el cuadro… en suma, todo el lienzo, son dignos del pincel de Alberto González.

La plaza del Mercado. Cuadro que él pintó de la fuente del mercado de León y alrededores. Se puede apreciar al fondo la torre de la iglesia de Ntra. Sra. del Mercado. Este cuadro obtuvo una mención honorífica en la Exposición Regional de Gijón de 1899. Quiso enviarlo a la Exposición de París.

Antes de realizar la gran obra de “La batalla de Clavijo”, realizó un primer diseño que se conservó como transparente. En el año 1965 se encontraba aún en el coro de la iglesia parroquial de Santa Marina, de la que era feligrés y que se encontraba en la misma calle Serrano donde vivió.

Se le encargó pintar un gran y artístico monumento para la nueva iglesia de San Francisco de la Vega (1904).

Menos conocidos, por ser pinturas familiares que no salieron nunca de su casa, son los magníficos tapices que decoraron las paredes del comedor de su casa en la calle Serranos y el mural que decoraba el techo de esta habitación. Entre estos murales del comedor, el principal representaba a tres mujeres sentadas en una mesa, dos morenas y una rubia, que puede tratar de representar a sus tres hijas: Cocha (mi abuela) y Carmen, las morenas, y Upe, la rubia, aunque en aquel entonces eran niñas. De este mural se podía ver un fragmento al fondo de la fotografía en la que están la abuela y la madre de mi padre sentadas en el comedor.

Premios obtenidos

A consecuencia de los trabajos presentados por los alumnos de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabados de Madrid durante su curso, fue premiado con un Accésit en la asignatura de Dibujo del Natural (1885).

Obtuvo la medalla de plata en la Exposición Regional Leonesa que se celebró en León, presentando un tapiz pintado y un cuadro al óleo “La Lección” (1892).


En 1897 se presentó en la Exposición de Bellas Artes de Madrid, donde expuso tanto algunas vidrieras auténticas de la catedral de León como copias realizadas de las mismas. Fue imposible diferenciar entre ambas y, por ello, recibió la Medalla de Oro.

En 1901, el Gobierno le concede la Cruz de Caballero de la Orden de Isabel la Católica, libre de gastos, por lo que había contribuido a la restauración de dicha basílica.

En 1905, un decorado escultórico a gran relieve era el nuevo elemento decorativo, elegante, de escasísimo peso, irrompible y muy económico, de la fábrica Senac A. Gaseo y Compañía, sociedad creada para la producción de este invento que honra a la industria española. No se descascarilla ni se altera con las humedades, y la pintura se adhiere de un modo permanente, cosa que no sucede con los demás relieves de cartón, piedra y zinc, sus similares, siendo además más barato que todos ellos. Tiene la exclusiva en toda la provincia de León Alberto González, pintor de historia y decorador premiado en varias exposiciones.

En mayo de 1907, la Sociedad Castellana de Excursiones llegó en tren a la estación de León, siendo recibidos por todas las autoridades de la ciudad, entre las que se encontraba el reconocido pintor Alberto González. La impresión que más conmovió a los socios en esta sensacional excursión fue la entrada en la iglesia: aquella amplitud de sus naves, sus hermosas bóvedas equiláteras, la esbeltez de sus pilares y sus grandes y bellísimas vidrieras, tan importantes en sus composiciones, dibujos y colores como las famosas de Chartres, Mans y Reims. En su restauración y nueva ejecución intervinieron artistas notabilísimos.

Ocasión feliz y oportuna tuvieron algunos de los excursionistas de felicitar con entusiasmo a uno de sus principales ejecutantes, allí presente, y uno de los más afables Cicerone (término antiguo para definir a un guía que acompaña y explica aspectos históricos y artísticos), D. Alberto González, que amablemente les acompañó a todas partes con los demás Sres. de la Sociedad Leonesa, y que trabajó durante seis años en esta portentosa obra de vidriería, realizando importantes trabajos de restauración, y llevó a cabo, con original trazado y ejemplar ejecución, la colosal y bella vidriera que representa la Batalla de Clavijo, situada al final de la nave lateral izquierda de la iglesia sobre el sepulcro del crucero, y cuyo modelo en tela transparente ha sido recientemente premiado en la Exposición celebrada en Valladolid el pasado año.

En 1910, el diploma de Presidente Honorario del “Recreo Industrial”, a favor de don Rafael Altamira, fue obra de nuestro amigo, el laureado pintor leonés don Alberto González. Dicho trabajo fue objeto de grandes elogios, tanto para quien lo ejecutó como para la Sociedad que acordó tan delicado obsequio.

Por su magnífica labor en la Catedral de León, se le concede la “Cruz Sencilla de la Real y Distinguida Orden Americana de Isabel la Católica”. Sin embargo, como él mismo declaró posteriormente, no pudo llegar a obtenerla debido a la insuficiencia de recursos para abonar los derechos que marcaba la Ley.

Mención honorífica en la Exposición Regional de Gijón de 1899.

Se le nombró para formar parte de la comisión de la Exposición de París de 1900, en concepto de persona distinguida en las artes.

Facetas poco conocidas

En la noche del 26 de mayo de 1888, en la velada lírica-dramática organizada por la Asociación Juventud Leonesa que tuvo lugar en el teatro, cantó la magnífica romanza “Estrella confidente”, señalando al joven pintor Alberto González, el cual poseía una hermosa voz de barítono.

En las noches del 28 y 29 de julio de 1889, 34 jóvenes, entre ellos Alberto González, obsequiaron con serenatas a casi medio León. La letra y música, original de los señores Saurina, Rodríguez y Blanco, agradaron mucho, lo mismo que las voces de todos ellos, sobresaliendo la de Alberto González. Se resaltaba que en los próximos días saldrían para terminar los compromisos y las “juerguecitas”.

El Miércoles Santo se cantó en la Real Colegiata de San Isidoro un solemne Miserere acompañado de una nutrida orquesta. La parte de canto le correspondió al aficionado Alberto González.

En el Casino Leonés hubo un concierto en el que cantó dos romanzas de gran ejecución, que desempeñó a las mil maravillas.

El concierto y baile celebrados en los salones de la Sociedad (Liceo Leonés) resultaron magníficos. El Sr. González (D. Alberto), que es un todo maestro cantando, hizo gala de su excelente voz en la melodía “Vorrei Morire” (Tosti), “Non e vero” (Matei) y en la romanza de barítono de “Sueños de Oro”, cosechando verdaderas tempestades de aplausos que compartió con sus compañeros.

Pese a ser Alberto González un pintor de historia, haciendo honor a su época, también colaboró como dibujante satírico en el periódico titulado “El Pite”, periódico festivo ilustrado que no es órgano de ningún partido ni jugará ninguna mala partida a nadie.

La Catedral

Ya en 1895 empezó a trabajar en la restauración de la catedral como vidriero, siendo oficial pintor en uno de los talleres que se encontraban en el interior de la catedral, más concretamente en la Puerta Obispo.

La dirección artística corría a cargo de Alberto González y, gracias a sus trabajos, se fijaron en él y en su compañero Bolinaga. Por los premios obtenidos en la Exposición Regional Leonesa celebrada en León en 1892, se les encargaría la restauración de las vidrieras. Estas obras duraron oficialmente desde el 15 de julio de 1895 hasta el 27 de mayo de 1901, aunque posteriormente, y hasta 1912, siguió trabajando en temas relacionados con la pintura de retablos y del trono del obispo.

Recientemente, en unos trabajos realizados en la catedral, se ha podido comprobar que en casi todas las vidrieras del triforio de la zona del presbiterio, y concretamente en el óculus de la capilla del Carmen, están firmadas por Alberto.

En 1904, Alberto González estuvo al frente de la vidriería de la catedral como maestro cartonista, pintor vidriero y director de la fábrica durante todo el tiempo de ejecución de las obras de esta clase y hasta su terminación definitiva.

Alberto González, bajo la dirección de Lázaro, acometió el dorado del retablo mayor y el de los dos retablos laterales a este; y en tiempos de Torbado, restauró los fondos de oro de las tablas pintadas del siglo XV que se dispusieron en el trono del obispo. Acometió igualmente el dorado de todo este trono y del retablo de las Quintanillas, que Torbado formó y colocó en el crucero norte de la catedral.

Por eso, desde 1904, Alberto González ya no debía estar ligado a los trabajos de restauración de vidrierías, a pesar de que en 1906 le fue otorgada por el Jurado de la Exposición de Agricultura, Industria y Arte de Valladolid la medalla de plata por dos cuadros transparentes en los que se reproducían vidrieras de las que fue autor en la catedral de León.

Era tan querido por sus trabajadores que el día de su santo le dedicaron una poesía:

Dos de Febrero; ¡gran día!
porque es fiesta….nacional,
hasta en la cristalería
de esta hermosa catedral.

Es el santo del pintor
de más gracia, y más salero,
y de mejor buen humor
que existe en el mundo entero.

Y a felicitarle vamos,
llenos de satisfacción,
los operarios que estamos
bajo vuestra dirección.

Y como al felicitarle
de fijo que no hallaramos
lo mucho que le queremos.

Reciba en estos renglones,
ripiosos y sin aliños,
un ramo de corazones
que conquistó su cariño.

No extrañéis, pues, que este día
cantemos todos a coro,
“Garzo” llore de alegría
y que baile “Mata el toro”;

que “Curruscus” se alboroce,
“Saurina” haga el arlequín,
y que “Enrique” se remoce
afinando el violín;

que “Salvador” eche un trago,
“Patinas” baile la jota,
diga un brindis “Carniago”,
“Benigno” una chirigota;

que “Frade” tire el pincel
lleno de satisfacción
y “Antonio” a dúo con él
entone el “Kirie deyson”;

que a “Benito” de repente
le dancen las pantorrillas,
y que “Moncada” y “Vicente”
se salgan de sus casillas;

que “Olegario” y “Juanillo”
hoy con la intención más sana
echen al aire una cana.

Porque en tan solemne día,
el júbilo es nacional,
hasta en la cristalería
de esta hermosa Catedral.



En 1916, todos los periódicos del país nombraban la muerte de Alberto González como “la muerte de un artista”.

Fue profesor de dibujo del Centro Obrero Leonés y auxiliar del Instituto General y Técnico. Durante 20 años perteneció a las oficinas de restauración de la célebre catedral de León, museo inapreciable de joyas de arte, entre las que figuraban sus vidrieras históricas policromadas, que él restauró y, además, produjo algunas nuevas de gran interés, entre las que destaca la Batalla de Clavijo, que ocupaba todo el ventanal bajo del crucero norte.

En ella, dentro del carácter general de sus similares, realizó una composición que demuestra un gran dominio de la técnica, del dibujo y de la composición. Tanto en carteles como en diplomas produjo obras bellísimas.

A pesar de su talento y de su labor meritoria, no consiguió llegar a profesor numerario del Instituto ni siquiera de la Escuela Normal, sin duda por las circunstancias de su época. Sin embargo, su obra permanece, especialmente en la catedral de León, que seguirá siendo durante muchos años testigo de su trabajo y de su valía.

Fuentes

prensahistorica.mcu.es
bibliotecadigital.jcyl.es
familysearch.org




























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