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Mostrando entradas de marzo, 2020

POESIA DE MI MADRE 01

AL ANCIANO  El anciano es un tesoro Que se debe respetar Hay que darle gran cariño Comprensión y mucha paz En ningún hogar del mundo  Debe faltar un anciano  Su presencia nos anima También nos tienden su mano Si consejo necesitas El abuelo te los da Como las flores al campo Como rosas a un rosal Bondad, belleza, atractivo Fueron como puedes ver Estos ancianos de hoy Que fueron niños ayer Héroes de vidas ocultas Lucharon como guerreros Para dejar a sus hijos De su nobleza herederos

EL PILOTO DE AVIONES

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 COMO DE UNA HISTORIA TRISTE SE LLEGA A UNA FELIZ El como llegue hasta la historia del piloto olvidado fue muy importante, pero lo realmente importante fue el final de esta historia. La búsqueda de Jose fue rápida en los principios, pero a partir de ahí fue otro sin parar, en buscar en otras hemerotecas. Mi madre me contaba la historia que el hermano de mi abuela era piloto y falleció en un avión en 1932, como realmente eran fechas tan lejanas a las actuales no le di importancia, pero cuando le di importancia a la genealogía ya no existían fechas lejanas para mí. Y por ser yo como el, sargento de infantería, me puse a buscarlo. La búsqueda inicial solo puse entre comillas “Aranda y Sotomayor” y bingo a la primera encontré un articulo de la hemeroteca de la Vanguardia que hablaba del accidente. Le lleve a mi madre ese articulo y lo coloco con un marco en un lugar muy especial para ella, a partir de ahí seguí la búsqueda, con los datos obtenidos un día mis padres se encontrab...

EL CUENTO DE LA ABUELA CARMELA

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Los tres hermanos Había una vez un matrimonio que tenía tres hijos. Un día, el padre les dijo: vamos a ir al bosque a buscar tres pequeños  arbolitos, los cogeremos y los plantareis cada uno donde queráis, los regareis y cuidareis cada uno del vuestro. Así, cuando seáis mayores, podréis estar orgullosos de vuestros árboles. Dicho y hecho, una mañana muy temprano salieron hacia el bosque a buscar sus pequeños arbustos. Cada uno eligió el que más les gustaba. Cuando volvieron cansados a casa, la madre les tenía preparado unos tazones de caldo caliente, queso y pan, que se lo tomaron rápidamente para acostarse y así, a la mañana siguiente, poder madrugar y con el fresquito de la escarcha de la noche poder cavar un hoyo en el suelo y plantar cada uno su árbol. Fueron pasando los años y los árboles crecían sanos y muy vistosos. El mayor de los hijos, como era muy orgulloso, decía: cuando mi árbol sea grande se lo venderé a un carpintero para que haga con él un arca y puedan ...