Antonio de Aranda e Ibarrola y la misteriosa caja del Viaducto de Segovia (1884)
La investigación genealógica ofrece en ocasiones pequeñas ventanas que permiten asomarse a la vida cotidiana de nuestros antepasados. En mi caso, una búsqueda en la prensa histórica me permitió localizar una curiosa referencia a mi tatarabuelo, Antonio de Aranda e Ibarrola, abuelo de mi abuela Margarita, cuando desempeñaba el cargo de secretario del Gobierno Civil de Madrid en 1884.
Aunque este episodio constituye tan solo una pequeña anécdota dentro de una vida repleta de responsabilidades y servicios públicos, resulta especialmente interesante porque nos permite observarlo actuando en un momento concreto de la historia de Madrid y conocer mejor algunas de las funciones que desempeñó dentro de la administración de la Restauración.
El Viaducto, símbolo del Madrid moderno
El Viaducto de la calle de Segovia era una de las grandes obras de ingeniería del Madrid del siglo XIX. Inaugurado en 1874, permitía salvar el profundo desnivel existente entre la calle de Bailén y la calle de Segovia, facilitando las comunicaciones en una zona estratégica de la ciudad.
Considerado una obra moderna para su tiempo, el viaducto se convirtió rápidamente en uno de los lugares más emblemáticos de Madrid.
La aparición de una misteriosa caja
La noche del 1 de mayo de 1884, un hombre se acercó a los agentes de orden público que prestaban servicio en el Viaducto y les entregó una carta. Tras hacerlo desapareció sin dejar más explicaciones.
Al leer el escrito, los guardias descubrieron que se les informaba de la existencia de una caja suspendida de la barandilla del puente y destinada al gobernador civil de la provincia. Después de inspeccionar cuidadosamente el lugar, localizaron una caja de cartón forrada de papel rojo que colgaba del exterior de la verja mediante una cuerda.
En la tapa figuraba una advertencia: nadie debía abrirla salvo el gobernador civil.
La caja fue recogida y trasladada al Gobierno Civil de Madrid, despertando una notable expectación. Durante horas se desconoció su contenido y no faltaron quienes pensaron que se trataba de una simple broma.
Pedro de Miguel Ortega y sus proyectos
Una vez abierta, la caja reveló un contenido tan peculiar como inesperado.
En su interior aparecieron un billete de 50 pesetas, documentos nobiliarios, condecoraciones, fotografías, objetos religiosos y diversos efectos personales. Todo pertenecía a un individuo llamado Pedro de Miguel Ortega, autor de aquella singular iniciativa.
Lejos de tratarse de una amenaza o de una protesta, el objetivo de Ortega era llamar la atención de las autoridades y de la prensa sobre varios proyectos de mejora urbana relacionados con el Viaducto.
Entre sus propuestas figuraban la construcción de una galería protectora alrededor del puente para evitar caídas, la instalación de jardines y la colocación de un ascensor que facilitara la comunicación entre los distintos niveles de la ciudad. Para contribuir a financiar estas obras ofrecía los objetos depositados en la caja.
Algunos periódicos acogieron la iniciativa con ironía e incluso llegaron a insinuar que su promotor no se encontraba en pleno uso de sus facultades. Sin embargo, el episodio alcanzó suficiente relevancia como para movilizar a las autoridades provinciales.
La intervención de Antonio de Aranda e Ibarrola
Fue en este punto cuando aparece documentada la actuación de mi tatarabuelo.
Las noticias publicadas aquellos días informan de que Pedro de Miguel Ortega compareció ante las autoridades para explicar personalmente sus intenciones. La prensa señaló expresamente que:
«El señor secretario del Gobierno Civil Sr. Aranda recibió ayer en audiencia a D. P. M. O., y hoy conferenciará con el Sr. Villaverde».
Ese secretario era Antonio de Aranda e Ibarrola, que ocupaba uno de los cargos administrativos más importantes del Gobierno Civil madrileño.
Su función consistió en recibir al promotor de la iniciativa, conocer sus explicaciones y trasladar posteriormente la información al gobernador civil, Raimundo Fernández Villaverde, máxima autoridad de la provincia.
Aunque pueda parecer una intervención modesta, constituye una valiosa evidencia documental de la actividad profesional de Antonio de Aranda e Ibarrola dentro de la administración de la Restauración. Como secretario del Gobierno Civil participaba directamente en la tramitación de numerosos asuntos y actuaba como intermediario entre los ciudadanos y las autoridades provinciales.
Un proyecto adelantado a su tiempo
Lo más interesante de esta historia es comprobar cómo algunas de las preocupaciones planteadas por Pedro de Miguel Ortega terminarían siendo objeto de atención muchos años después.
La galería acristalada que proponía para evitar accidentes nunca llegó a construirse. Sin embargo, más de un siglo después, el Viaducto incorporó mamparas transparentes de protección destinadas a impedir las caídas desde el puente.
Por su parte, la mejora de la accesibilidad y de la comunicación entre los distintos niveles de la zona continuó apareciendo en sucesivos proyectos urbanísticos relacionados con el entorno del Viaducto.
Sin que ello suponga afirmar que sus propuestas fueran adoptadas, resulta llamativo comprobar que las preocupaciones expresadas por Ortega en 1884 no eran tan extravagantes como algunos de sus contemporáneos creyeron.
Una pequeña huella en la historia familiar
Este episodio representa únicamente una pequeña muestra de la intensa actividad desarrollada por Antonio de Aranda e Ibarrola a lo largo de su vida. Sin embargo, para quien investiga la historia familiar tiene un valor especial, ya que permite contemplarlo en el ejercicio de sus funciones públicas y recuperar una escena concreta de su trayectoria profesional.
Más de ciento cuarenta años después, estas breves referencias periodísticas nos permiten acercarnos a la figura de quien fue el abuelo de mi abuela Margarita y mi tatarabuelo, observándolo integrado en la vida administrativa y política del Madrid de finales del siglo XIX.
Son precisamente estos pequeños hallazgos los que convierten la genealogía en algo más que una sucesión de nombres y fechas, permitiéndonos reconstruir fragmentos de la vida real de quienes nos precedieron.
Fuentes
Fuentes primarias
- La Correspondencia de España (Madrid), 2 de mayo de 1884. Noticias sobre el hallazgo de la caja suspendida en el Viaducto de Segovia y las actuaciones del Gobierno Civil.
- El Globo (Madrid), 2 de mayo de 1884. Declaraciones de Pedro de Miguel Ortega y referencias a la intervención de las autoridades provinciales.
- https://edificiosmadridblog.wordpress.com/2017/04/26/el-viaducto/
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